Restaurante japonés en Salamanca: pollo teriyaki

Así luce el pollo teriyaki del restaurante Sakana. Restaurante japonés en Salamanca
Así luce el pollo teriyaki del restaurante Sakana

Corríjanme si me equivoco, pero después de los italianos -y con permiso de lo que aquí creemos que es comida china-, los restaurantes de cocina internacional más populares en España son los japoneses. En proporción, creo que en Salamanca estamos relativamente bien servidos en cuanto a cantidad. De todos los que hay, el Sakana es el restaurante japonés en Salamanca por excelencia. Tengo que reconocer que no es mi favorito, pero sí el más conocido por ser el que más años lleva abierto, por tener la carta más japonesa (sin fusiones) y, si me apuras, por tener una ambientación algo más temática. No quiero decir que la decoración del Sakana te haga sentir como si estuvieras en Tokyo -ni muchísimo menos- pero es que otros locales de la ciudad son japoneses como, perfectamente, podrían ser hamburgueserías.

Hablar de un restaurante japonés y recomendar el sushi… como que no. No dudo de que será lo mejor que hagan, pero es que eso se da por supuesto. Como que también es uno de los platos que, seguro, se van a probar. Aquí recomendamos un acompañante para el sushi, y en este veterano restaurante japonés en Salamanca es muy conocido el pollo teriyaki. Tienen hasta un menú centrado en ese plato.

En el Restaurante Sakana tienen hasta un menú centrado en el pollo teriyaki

Las dos virtudes que hacen especial este plato son el sabor y la textura. A simple vista ya se aprecia que el pollo ha pasado por una parrilla. Tiene la marcas del tostado de la rendija y sabe a parrilla que no veas. No sé por qué, pero  todo el mundo nos gusta el sabor a la parrilla. En algunas carnes pasa más inadvertido, pero con el pollo es clarísimo. No hay color entre una misma pieza cocinada a la plancha o hecha a la parrilla. Es como si habláramos de un producto totalmente diferente.

La parrilla también hace que el pollo esté más tierno. Da gusto masticarlo: no se hace bola, es suave y la ración vuela sin darse uno cuenta. En el Sakana sirven el pollo teriyaki con una guarnición de coliflor y brócoli en tempura. El brócoli tiene gracia, pero la coliflor, ninguna. Ni me gusta a palo seco, ni en tempura, ni nada. La acepto dentro del cocido, pero no en este plato.

A los amantes del sabor del terikayi les recomiendo releer el post que escribimos sobre el pulpo laqueado del Restaurante Suite22, en Valladolid.

El sushi del clásico restaurante japonés en Salamanca

Sushi de vieira y ventresca. Restaurante japonés en Salamanca
Sushi de vieira y ventresca

Y comimos sushi, por supuesto. Unos makis de ventresca y otros de vieira que estaban buenos. El de vieira tenía como un toque a hierbabuena muy fresquito que le sube la nota al producto.

En relación a cómo comer el sushi hay algo que muchos -de forma consciente o inconsciente- hacemos mal. Yo soy de los que cogen una pizca de wasabi con los palillos, lo unto en el maki y luego lo mojo todo en la soja. Pues está mal hecho. Lo correcto sería coger una pizca de wasabi, diluirlo en la salsa de soja y luego untar el maki en esa mezcla, pero mínimamente. Nada de dejar que el arroz se impregne de la salsa. A los japoneses lo que les gusta es apreciar el sabor del pescado crudo, pero una salsa de soja con wasabi es capaz de aniquilar cualquier sabor, así que lo mojan muy poco.

Sé que lo hago mal, pero voy a seguir haciéndolo mal porque ya asocio el sushi con esos dos sabores fuertes de la soja y el wasabi, y así es como me gusta. No cualquier pescado crudo me agrada, y menos aún sin un aliño en condiciones.

Lo correcto sería diluir el wasabi en la soja y luego mojar el maki lo menos posible

Ensalada Sakana de atún rojo y aliño de aceite y wasabi. restaurante japonés en Salamanca
Ensalada Sakana de atún rojo y aliño de aceite y wasabi

Hemos probado también una Ensalada Sakana de atún rojo con aliño de aceite de oliva y wasabi. Cada pieza de atún viene sobre un cogollo y rodeado de unos canónigos. La sugerencia es comer el montoncito entero: el cogollo, con el atún, los canónigos y los brotes. Esto es para los muy habilidosos con los palillos. No sé si quedará muy feo cogerlo con las manos, pero antes de acabar con el atún en los pantalones… Que no digo que me haya pasado, pero tiene su dificultad. Al atún le han presentado la plancha durante dos segundos -uno por cada lado- y no está rojo. El aliño es bastante sutil -parece que lo lleva el wasabi-, aunque al final sí notas un escozor en los labios.

Nos quedamos con las ganas de pedir unas empanadas japonesas gyoza, que son otra de las marcas de identidad de la casa. Si alguien tiene un día el antojo de comer en un restaurante japonés en Salamanca y acude al Sakana, que prueba las empanadillas de gyoza porque son auténticas.

La importancia de una tempura bien hecha

Una tempura de verduras muy bien hecha. Restaurante japonés en Salamanca
Una tempura de verduras muy bien hecha

En lugar de la empanada me apetecía la tempura variada: un mix de verduras y langostinos. No vamos a descubrir ahora lo que es una tempura, pero no hay nada mejor que comparar para apreciar las cosas bien hechas. Hay restaurantes que se creen que una gamba en gabardina es una tempura. Es todo lo contrario: una harina muy fina y cocinada al milímetro para que no se queme y no chorree grasa. Otro de los tópicos sobre la tempura es el de servirlo con soja. En el Sakana la sirven con un cuenquito de salsa agridulce y otro cuenco de rábano rayado que hay que diluirlo en la salsa para que potencie el sabor. Hace pocos días probamos la tempura del Vida y Comida y también tuve que destacar las buenas maneras a la hora de cocinarla.

El trabajo, los niños o el coche te impiden abrir una botella de vino entera cuando comes fuera. Cada vez es más frecuente pedir una sola copa. Aquí es donde se aprecian los restaurantes que tienen un buen sistema de conservación del vino (wine saver) y que te ofrecen copas individuales de referencias buenísimas. Siempre que voy a un restaurante japonés en Salamanca me ofrecen cerveza nipona, pero insisto con el vino y me equivoco. Nos sirvieron un Pinna Fidelis roble.

Es un Ribera del Duero que muchos restaurantes tienen como vino de la casa o como vino para la barra de la cafetería. No es mal vino para ese contexto, pero en este caso estaba ‘regular’ conservado. Una vez que se abre, un tinto no debería durar más de 3 días. A partir de ahí pierde sus sabores originales y coge los que hay alrededor. Deja de ser un placer beberlo.

Por cuestiones de tiempo nos saltamos los postres y el café. El precio de esta comida con cuatro platos, agua y una copa de vino es de  54 euros. Son 27 euros por cabeza, que es un precio más o menos lógico para una cocina, la japonesa, que no es especialmente barata.

Author
Periodista. Vivo de lo que escribo y luego escribo sobre lo que me da vida: los viajes memorables, la gastronomía, el vino rico y lo que se ponga.

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