Farinato de Salamanca con huevos. Exquisita sencillez

Huevos charros: patatas, huevo frito y farinato. farinato de salamanca
Huevos charros: patatas, huevo frito y farinato

Creo que el producto gastronómico más charro que existe es el farinato de Salamanca. Nos conocen por el jamón, pero jamón -y muy bueno- hay en muchos sitios. Tiene fama el hornazo, pero al fin y al cabo no deja de ser una ‘empanada’ rellena de embutidos, y eso tampoco lo hemos inventado nosotros. Pero en cambio, el farinato es 100% salmantino.

Hace unas semanas visitaba Salamanca Ferrán Adriá. Le preguntábamos sobre qué productos de la gastronomía salmantina conoce o utiliza en sus creaciones y nos respondía que el jamón. Le preguntamos por el farinato de Salamanca y se quedó a cuadros. ¿Qué es el farinato?, decía. Para conocer un poco más sobre qué es el farinato de Salamanca, cómo y de qué se prepara se puede pinchar aquí.

Le preguntamos a Ferrán Adriá sobre el farinato y se quedó a cuadros: ¿Qué es eso?, decía

Lo curioso de todo es que siendo este un producto tan salmantino, luego no es tan fácil poder comerlo cuando se va a un restaurante. No todos los restaurantes lo ofrecen en su carta, ni muchísimo menos, ni los que lo ofrecen lo elaboran de la forma clásica. Yo he llegado a comer hamburguesa de farinato, risotto de farinato y otros platos en los que han dado cabida al farinato de una forma original. Pero qué pasa si queremos unos huevos con farinato. Lo de toda la vida. Lo más rico del mundo. Pues para eso os recomendamos hacer una paradita en el Restaurante Valencia y pedir lo que ellos llaman ‘huevos charros’: huevos rotos, farinato y patata frita.

Los huevos con farinato de Salamanca en el Valencia

Es difícil superar perfección de unos huevos fritos con patatas, pero añadirle farinato es una maravilla. Nadie se debería morir sin probarlo. En el Valencia lo hacen sencillo. Ellos se encargan de romper los huevos en el plato para que esté troceadito y mezclado en su justa medida. Al farinato también le saben dar la fritura perfecta. No está churruscado ni crudo. Está perfecto, es que no se puede decir otra cosa.

Es difícil superar la perfección de unos huevos con patatas, pero añadir farinato es una maravilla

Patatas a lo pobre. Un vicio. farinato de salamanca
Patatas a lo pobre. Un vicio

Tengo un problema con este restaurante y es que, pese a que tiene una carta muy rica y bastante variada, no puedo dejar de pedir los platos más sencillos como son los huevos charros o las patatas a lo pobre. Aquí cada cual tiene su toque distintivo. Las patatas a lo pobre del Valencia tienen su patata panadera, huevo, algo de cebolla, un toquecín de vinagre y -creo- nada de pimiento. Quien siga frecuentemente este blog ya se habrá dado cuenta de nuestra pasión por las patatas: ya sean bravas, con huevos, en cachelos, etc. No deja de ser una ventaja que tu comida favorita sea tan asequible. Peor lo deben pasar los que suspiran por una langosta.

Un poco de carne después del farinato

Mollejas de ternera salteadas. farinato de salamanca
Mollejas de ternera salteadas
Entrecot de ternera de Salamanca. farinato de salamanca
Entrecot de ternera de Salamanca

Y a la hora de recomendar alguna carne no puedo pasar por alto las mollejas salteadas. Muy tiernas, generosas de tamaño, con su ajo frito y un brochazo de chimichurri para darle más sabores.

En nuestra última cena -sí, encima fue cena- rematamos todo lo que estoy contando con un entrecot de morucha. Troceadito para compartir, en su punto y del que no quedó rastro pese a que sólo éramos dos personas.

Esta copiosa cena la acompañamos con un Arzuaga de Ribera del Duero, que es uno de nuestros vinos favoritos.

Lo que tiene el Arzuaga es ese sabor lácteo que hay gente que no traga y que a mí me encanta. Había un camarero que sabía bastante de vinos en Salamanca y que hacía circular la leyenda de que al Arzuaga le echan vainilla al elaborarlo. No deja de ser una broma, pero es cierto que tiene ese saborcillo que yo asocio con mis Riberas favoritos y que me invita a beber más.

Esta vez no pedimos postres porque habíamos tocado fondo. Aún en situaciones límite soy capaz de hacer hueco si veo en la carta algo con chocolate puro, pero no fue el caso. La cena ronda los 90 euros y puede subir algo más con postres y copa, pero nosotros somos gente que se cuida mucho y lo dejamos ahí.

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Periodista. Vivo de lo que escribo y luego escribo sobre lo que me da vida: los viajes memorables, la gastronomía, el vino rico y lo que se ponga.

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