Llagar Bernueces: comer donde nace la sidra

Torto de pisto y bacalao. llagar bernueces
Torto de pisto y bacalao

Visitar una bodega y descubrir de cerca cómo se hace el vino es una experiencia muy recomendable y muy practicada. Lo que tiene menos fama -al menos para mí- es visitar los llagares donde se fabrica la sidra. Hemos conocido el Llagar Bernueces, uno de los más antiguos de Asturias (1881) y donde también se puede comer tras la visita.

En el llagar se me vino a la cabeza mi despedida de soltero. Le advertí a mis amigos que no me iba a prestar a ninguna catetada tipo disfraces, camisetas, muñecas hinchables… Lo que me prepararon fue un día a mi medida con wine tour por La Rioja, buenos restaurantes y mi música. En el Llagar Bernueces coincidí con otra despedida de soltero que hacía algo parecido y me pareció una alternativa también muy interesante. Sidra en lugar de vino.

Las instalaciones son grandes, tienen una zona de bancos al aire libre para cuando el tiempo permita comer en la calle, y un jardín con columpios y cama elástica para que los niños jueguen. Es apropiado tanto para juergas como para eventos tranquilos o familiares.

Un llagar es una buena alternativa al turismo enológico 

Hay tres opciones para visitar el llagar: sólo visita por 5 euros, visita más espicha por 20 euros y visita más menú degustación por 30 euros. La espicha es como un picoteo   -tortilla, croquetas, quesos-chorizos a la sidra…- que tradicionalmente se hace al lado de un tonel de sidra, que es lo que se espicha. Nosotros optamos por atacar el menú degustación y así es como nos fue.

Menú degustación del Llagar Bernueces

El menú del Llagar Bernueces arranca con un torto de pisto y bacalao que resultó ser lo mejor de todo. El torto es una fritura. Como lo puede ser la tortillita de camarones, pero con volumen, miga y esponjosa. La cubren con un pisto casero y unos trozos de bacalao desmigado que, en conjunto, están exquisitos. Es un plato que parece poca cosa, pero notas que llena.

Lo siguiente que marchan es un platito de fabada asturiana. En mi caso era una fabada en la que la morcilla se había hecho la jefa del puchero y era la que mandaba en los sabores. Rica, pero creo que lejos de aquella fabada que comimos en Casa Cristina, en Tellego.

Lo tercero son unos chipirones a la plancha que, aquí sí, son top. Tremendamente tiernos. Tremendamente bien hechos y con el sabor que cabe espera de una receta sin complicaciones como son unos chipis a la plancha.

 

Un menú con un final para valientes

Lo cuarto: una degustación de lomo a la sidra que era la primera vez que probabámos y nos gustó. El lomo queda muy tierno, es fácil de comer y la salsa a base de sidra es perfecta para untar pan. Por cierto,  ¡qué pan! Dos hogazas enormes, más grandes que una mano, y recién horneaditas.

Vamos cerrando con una degustación de quesos ya para asturianos, muy asturianos. Lo siento, pero no soy capaz de comer el queso azul o el cabrales a palo seco. Demasiado fuerte para mí.

Con los estómagos a rebosar faltan todavía los postres: una tarta de queso casera, con textura de flan, y un arroz con leche que hubo que dejar prácticamente entero por falta de espacio.

El precio final, ya lo adelantamos: 60 euros por dos personas, visita incluida. Para ampliar información de horarios de visitas y comidas, consultar aquí.

 

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Periodista. Vivo de lo que escribo y luego escribo sobre lo que me da vida: los viajes memorables, la gastronomía, el vino rico y lo que se ponga.

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