El Ermitaño de Benavente: una estrella Michelín accesible

Estamos faltando a nuestra palabra. Prometimos recomendar restaurantes en los que comer de lujo y al alcance de todos los bolsillos, pero hemos vuelto a caer en la tentación de las Estrellas Michelín. Hemos cenado un copioso menú degustación del restaurante El Ermitaño de Benavente y hemos salido -además de redondos- encantados.

Por empezar por algo importante -si no lo más importante- como es el precio, que nadie vaya con miedo. Hemos cenado dos personas -incluyendo bodega- por menos dinero de lo que pagamos por un único menú en el Atrio de Cáceres: 142 euros en total y escogiendo uno de los menús más amplios.

¿Qué menús tiene El Ermitaño de Benavente?

Lo explico muy sencillo. Se puede comer a la carta o se puede escoger un menú degustación. La carta la tienen divida en dos partes: clásica o más innovadora y de temporada. Productos más de la tierra, o elaboraciones más fuera del circuito comercial. Por otra parte, los menús llevan nombres de los miembros de la familia, y en función de su edad son más o menos abundantes. Tienen más o menos platos. Nosotros escogimos un menú con aperitivo, entrada fría, entrada caliente, pescado, carne y postre. Son 60 euros, que es parecido a lo que pagarías en cualquier restaurante con cierta solera -pero sin Estrella Michelín- en cuanto pidas un lechazo o un par de entradas.

El precio es muy parecido al de cualquier restaurante con solera, pero sin Estrella Michelín

Los platos de ese menú los eliges tú de entre los entrantes, carnes, pescados, etc. Tan solo hay unas cuantas opciones que quedan excluidas del menú y solo se sirven en carta.

Absolutamente todos los platos que hemos probado son 100% recomendables, pero la sugerencia es no juntarlos en un mismo menú como hicimos nosotros. Fue demasiado contundente. Sobre todo para cenar. La recomendación es alternar platos de la carta clásica con los de cocina moderna, porque son esas innovaciones las que te valen una Estrella Michelín y porque la apariencia -estiramos el cuello para ver la mesa de al lado- era brutal.

El Ermitaño y los tiempos de cocción

Empezamos la noche con un aperitivo de tierra de torrezno, caviar de aceite de oliva y caldo de bacalao ahumado. Buenísimo y con efecto ‘opening’ de apetito.

Canutillos de cecina rellenos de hígado de pato. el ermitaño de benavente
Canutillos de cecina rellenos de hígado de pato

Nuestra entrada fría fue un clásico del restaurante El Ermitaño: unos canutillos de cecina con hígado de pato y membrillo. La cecina está perfecta: sudando, pero a la vez compacta con el relleno. El sabor es suave, y mezclándolo con la salsita de membrillo el plato rima en consonante. Terminas y quieres más.

El entrante caliente coincidió con la visita del cheff Pedro Mario a la sala, que saluda uno a uno a todos los comensales y en nuestro caso ya nos advirtió: “Un menú contundente han elegido ustedes”. No será para tanto, piensas. Un tipo imponente este Pedro Mario. Un cocinero de altura en todos los sentidos, porque debe superar los dos metros de altura. Le habíamos visto en una aparición en Top Chef y desde entonces nos quedamos con las ganas de probar esos platos clásicos -como una sopa castellana- cocinados con otra perspectiva.

El cheff Pedro Mario entra en la sala yes un cocinero de altura…literal: dos metros

Arroz de pueblo con jamón, chorizo, ternera y manitas de cerdo. el ermitaño de benavente
Arroz de pueblo con jamón, chorizo, ternera y manitas de cerdo.

El entrante caliente fue, nada menos, que un arroz de pueblo con chorizo, jamón, ternera y manitas de cerdo. Es como un arroz a la zamorana, pero un poco más caldoso. Hacía muchos años -desde un arroz que comí en Alcudia- que no apreciaba tanto el punto de cocción un arroz. Perfecto. Para mí la palabra ‘al dente’ solo me evocaba a Rafaella Carra en un anuncio noventero de Pastas Gallo. Le decían: “¿Cómo está la pasta Rafaella?“, y ella respondía “al denteeee“. Ahora va a ser el arroz de El Ermitaño.

Lo comimos con cierta calma. Es una sartencita que parece atacable, pero que va haciendo peso en el estómago y provoca las primeras sensaciones de calor.

Bacalao con manitas de lechazo, panceta y aceite de perifollo. el ermitaño de benavente. el ermitaño en benavente
Bacalao con manitas de lechazo, panceta y aceite de perifollo. el ermitaño en benavente

Con el autoengaño de que el plato de pescado sirve para aligerar optamos por bacalao. Pero tiene apellidos: bacalao con manitas de lechazo, panceta crujiente y aceite de perfilollo.

Volvemos a repetir lo del punto de cocción. Basta con ver el movimiento gelatinoso del bacalao cuando el camarero deposita el plato en la mesa. Está cocinado a la perfección. El aceite de perifollo sirve para que el pescado y la carne se den la mano y entren en la boca juntitos. Es un plato sensacional. Le añaden una hojita de menta frita que también juega su papel. El cheff Pedro Mario vuelve a visitar la sala y nos recomienda que no desechemos la piel del bacalao porque contiene un sinfín de propiedades y no es un sabor desagradable. Siempre he apartado la piel del bacalao. Solo la he comido en algún restaurante como el Mencía, en el que la sirven en fritura, a modo de snack-aperitivo, pero obedezco y la pruebo. Ok. Es cierto que no tiene mal sabor, pero influye lo psicológico y me cuesta.

¿Comer con las manos en El Ermitaño?

Lechazo asado al horno de leña con patata asada al ajo-aceite y pimentón. el ermitaño de benavente
Lechazo asado al horno de leña con patata asada al ajo-aceite y pimentón.

El último plato antes de los postres es una demoledora pieza de lechazo asado al horno de leña con patatas asadas al ajo-aceite y pimentón. Lo leí en la carta y me entró por los ojos, pero con cuatro platos en el estómago ya se ve diferente. Llegados a este punto pensé que quizás debería haber pedido algo más ligero -el pichón que figura en la carta de ‘cocina de primavera’ tenía una gran apariencia-, pero el aspecto del lechazo es también inmejorable. Piel sabrosa, carne tierna, jugo potente y la patata cocida con un sabor propio que hace salivar.

Cerramos con una demoledora y sabrosa pieza de lechazo

De un lechazo bien hecho poco se puede decir. Se puede hablar de los malos, de lo que tienen la piel como un chicle, los que están quemados, los que se te hacen bola en la boca… Este es un señor lechazo.

Lo terminamos con muchísimos apuros, pero terminamos chupándonos los dedos. Es literal. “En esta casa está permitido comer el lechazo con las manos“, nos invitó Pedro Mario. Y la parte del costillar sabe mucho mejor así.

Arroz con leche de coco, sorbete de sidra de piña, compota de piña, ron y especias y merengue de coco. el ermitaño de benavente
Arroz con leche de coco, sorbete de sidra de piña, compota de piña, ron y especias y merengue de coco

El final dulce lo escogimos por eliminación. Dadas mis numerosas alergias cuando no hay un fruto seco hay una fruta de mi lista negra. Nos hablaron de un postre sin ningún tipo de alérgenos y, en efecto, lo clava: el arroz con leche de coco, sorbete de sidra de piña, compota de piña, ron y especias y merengue de coco. Me pregunto qué demonios tendrán los postres para que estés a punto de reventar y te los comas en un visto y no visto. Esa es la vida que le dimos a este postro refrescante, ligero y a prueba de raritos como yo.

La sensación final de esta visita es sobresaliente. Un restaurante de alta gama, con una estrella Michelín, y en el que se puede llegar a cenar, perfectamente, por 50 euros por persona. Nuestra recomendación es que ya que estamos en Benavente, optemos por una degustación que nos permita probar más platos.

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Periodista. Vivo de lo que escribo y luego escribo sobre lo que me da vida: los viajes memorables, la gastronomía, el vino rico y lo que se ponga.

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