Vino tinto y chuletón de buey: un lujo para comer en Ezcaray

Chuletón de buey en la plancha de la abuela que se puede comer en Ezcaray. comer en ezcaray
Chuletón de buey en la plancha de la abuela que se puede comer en Ezcaray

Si hay una región a la que merece la pena hacer una escapada de dos o tres días para alimentarse bien e ‘hidratarse’ mejor esa es La Rioja. Podríamos recomendar destinos infalibles para comer en La Rioja como Laguardia, Elciego, Haro o Logroño, pero en este caso la sugerencia es comer en Ezcaray y gozar con un ‘Chuletón de buey en la plancha de la Abuela’.

Lo de la Rioja lo llevo en la sangre, y no me refiero al vino ingerido. Mis bisabuelos poseían en el centro de Haro un conocido hotel que según las crónicas periodísticas de la época era toda una referencia a nivel nacional. Mi bisabuelo murió, lo cogió mi bisabuela, fue cambiando de manos y se fue al garete. Hoy es una cafetería anticuada y el resto de plantas son viviendas. Prometo un post al respecto.

 

Mis bisabuelos poseían un hotel en Haro que, según las crónicas, era una referencia a nivel nacional, pero que cambió de manos y se fue al garete

Tengo apego por esa tierra y año tras año trato de ir conociendo sus pueblos en función de los vinos que allí producen. Hasta hace poco no conocía Ezcaray, y tiene delito.
Todos los amantes de la gastronomía que visitan Ezcaray van derechitos al Restaurante Echaurren, que es uno de los más prestigiosos de España y de los más solicitados para comer en Ezcaray. Pero en este tipo de locales haces el ridículo si te plantas en la puerta el mismo día -encima era un festivo- y preguntas: “Hola buenas, ¿tendrían mesa para cuatro?”.
Si alguno lo prueba antes que nosotros, ya nos contarán. Nosotros sí podemos recomendar el ‘Chuletón de buey en la plancha de la abuela’ que sirven en el Restaurante El Rincón del Vino. El plato tampoco esconde metáforas en sus nombre. No se han complicado la vida: es un señor chuletón de buey que, efectivamente, se cocina sobre una plancha de las que usaban nuestras abuelas -más bien las tatarabuelas- para planchar la ropa.

Este chuletón se sirve sobre una plancha de hierro de las que usaban nuestras tatarabuelas, pero con la base hacia arriba y ahí vas dejando los trozos de carne

Era una plancha de hierro -ni de carbón ni eléctrica- que se calentaba directamente sobre el fuego y que en la base estaba casi incandescente. En este restaurante la sirven con la base hacia arriba y ahí vas dejando los trozos de carne para que se hagan al gusto de cada uno.

Se coloca la carne sobre la plancha y se va cocinando al gusto Comer en Ezcaray
Se coloca la carne sobre la plancha y se va cocinando al gusto

Dicen que aquellas planchas antiguas se les quedaba el hollín pegado y luego lo traspasaba a la ropa. Para que no suceda lo mismo con la comida, te sirven junto al plato las partes más grasientas del chuletón para que las restriegues por la plancha y cuando esté bien engrasada puedas poner la carne sin que se quede adherida.
La pieza de chuletón es bastante generosa. No la pude fotografiar entera porque hubo un abalanzamiento sobre el chuletón que lo dejó en los huesos en un abrir y cerrar de ojos.
Trae ya su puntito de sal Maldon , pero también tienes un cuenquito para echarle un poco más después de cocinado. Es una carne sobresaliente y con materias así hay poca historia en la cocina. Los argentinos, que hacen del corte y la preparación de la carne una cultura aparte, no estarían muy de acuerdo. Yo lo veo así: la buena carne, mejor ni tocarla. Y lo de aplastar con el tenedor para que se haga más es de cárcel.

Obligatorio comer en Ezcaray productos de la huerta

El detalle de la plancha le da un toque muy original a la carne, pero aún así el chuletón es el plato más tradicionalote de toda la carta. Todo lo demás tiene siempre algún giro de tuerca especialmente original. Antes de meterse con la carne hay algunos entrantes muy apetecibles como una ‘morcilla asada sobre reducción de tomate ecológico y crujiente de panceta ibérica’ y unas ‘habitas salteadas con jamón chorizo, cebolleta y huevo frito’. Comer en Ezcaray y no probar la menestra debería ser motivo de tarjeta amarilla. También la menestra se está sirviendo de formas más o menos originales y puede convencer hasta a los menos amantes de la verdura. En todo caso, si no hay acuerdo entre todos los comensales, estos dos entrantes que hemos mencionado son una buena forma de probar los espectaculares productos de la huerta riojana.

Qué ver: Las mejores bodegas de La Rioja

Iglesias de Santa María La Mayor, en Ezcaray Comer en Ezcaray
Iglesias de Santa María La Mayor, en Ezcaray

Ezcaray es un lugar que tiene especial tirón entre los amantes de las actividades al aire libre. Por supuesto, por la estación de esquí, pero también tiene muy bien preparadas rutas de senderismo, escalada o bicicleta de montaña. El pueblo tiene muchísimo encanto. Paseando por la plaza central hay edificios que me recuerdan un poco la estructura de las casas de La Alberca y otros puntos de la Sierra de Béjar. Ezcaray también puede utilizarse de ‘base de operaciones’ para dormir allí y luego desplazarse en coche a otras zonas de La Rioja. Uno de los pueblos más cercanos es San Millán de la Cogolla -forma parte de la Ruta de los Monasterios- y en menos de una hora te puedes plantar en las principales bodegas de Rioja. No es la ubicación más céntrica para hacer una ruta de bodegas, pero ni mucho menos habría que descartarla.

Cada visita a una bodega suele terminar con una cata de un par de vinos así que con dos bodegas que veamos por la mañana vamos a llegar muy ‘relajados’ a la comida

Debería extenderme bastante más en este apartado de las bodegas que hay que visitar en esta región, pero no se puede uno marchar de La Rioja sin visitar Marques de Riscal, López de Heredia (gratuita) o el museo del vino de Briones. Las bodegas se cuentan por decenas y es casi imposible conocer todas. Hay que tener en cuenta que cada una de esas visitas suele terminar con una cata de un par de vinos, así que con dos bodegas que se visiten en una mañana vamos a llegar a la hora de la comida bastante ‘relajados’. Y luego está el coche, claro. Una de las opciones que se está popularizando es la de contratar un servicio de chófer: una furgoneta para unas nueve personas que te lleva de bodega en bodega y que te permite despreocuparte por completo.

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Periodista. Vivo de lo que escribo y luego escribo sobre lo que me da vida: los viajes memorables, la gastronomía, el vino rico y lo que se ponga.

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