Casa Cristina: una fabada en las montañas

Un plato de fabada de Casa Cristina, de Tellego, a medio recorrido. Casa Cristina
Un plato de fabada de Casa Cristina, de Tellego, a medio recorrido

Un pueblo en lo alto de una montaña. Un restaurante regentado por una veterana cocinera. Una fabada asturiana que llama la atención de los famosos… Todo es idílico. Bueno, para decir toda la verdad las paredes están empapeladas con fotos de Belén Esteban, pero forma parte de las señas de identidad de Casa Cristina -en Tellego- y su famosa fabada asturiana.

Soy un firme defensor del ‘allá donde fueres, haz lo que vieres’. Si los asturianos se ponen ciegos a fabada, pues a mí también me apetece una fabadita. En nuestra última visita a Asturias pasamos un par de días en Oviedo y contamos con ‘asistencia’ local: los que mejor saben dónde llevar a un trotaplatos cuando viaja para comer por España.

-¿Os apetece una buena fabada?

-Por supuesto

-Coge el coche y sígueme.

La familia disfrutando del paisaje bucólico a la puerta de Casa Cristina. Casa Cristina
La familia disfrutando del paisaje bucólico a la puerta de Casa Cristina

Y a diez kilómetros de Oviedo se alza una montaña en cuyo alto está Tellego: un —no sabría ni cómo catalogarlo— municipio de sólo 44 habitantes. Cómo será de pequeño que si lo buscas en Wikipedia te dice que es “el lugar en el que se ubica el Restaurante Casa Cristina”.

La expresión de que son ‘cuatro casas’ no creo que diste mucho de la realidad. Eso sí, está en un entorno espectacular: un enorme valle verde, con las vacas pastando a tu lado y rodeado por montañas. El ambiente tiene algo que te abre el apetito. Y te va a hacer falta.

Casa Cristina es el clásico restaurante casero y con fama, precisamente, por ser tan casero. Tiene varios salones y las paredes están cubiertas de cuadros de la propietaria –Cristina- con gente conocida. Me hizo gracia ver que el tamaño de todos los cuadros era parecido menos en los que aparecía Belén Esteban. La ‘Princesa del Pueblo’ tenía trato de figura de la Casa Real. Uno no puede por menos que imaginarse la escena de Belén Esteban engullendo una fabada. Ese masticar tan conocido,  ese digerir tan presumible… Perdón.

Entrando en harina: el restaurante funciona por menú. De primero puedes elegir fabada, pote o fabes con almejas. De segundo sirven cordero, pitu y albóndigas de gamba. Todo está bueno, pero el plato que motiva este post es la fabada. Es como una fabada zen en la que todo está en perfecto equilibrio: la cocción de las fabes, la intensidad del caldo, la ternura de las carnes… Está de vicio. Y es importante lo del equilibrio porque en la mesa también pedimos unas fabes con almejas que tenían el orden totalmente cambiado. Sabían a almejas con algo de fabes. No me gustaron.

La fabada es ‘zen’ y todo está en equilibrio: la cocción de la fabe, la intensidad del caldo, la ternura de las carnes… De vicio

Es muy subjetivo, pero a mí me gustan como las hacen en el Restaurante La Posada de Salamanca. Os cuento una anécdota. Hace ya bastantes décadas, cuando la cantante Rosa León presentaba el programa infantil La Cometa Blanca, visitó el Restaurante La Posada. La gente que había en el comedor la reconoció rápido: “Mira hijo, la señora que sale en la tele”. Un camarero se acercó a preguntar si estaba todo bien y Rosa León respondió casi a gritos: “Oiga, estas fabes están cojonudas”. Se hizo un silencio tenso en el comedor, pero ella volvió la vista al plato y siguió con sus fabes.

 

Los segundos de Casa Cristina están a la altura

Puchero con las fabes y bandeja con las carnes y la morcilla. Casa Cristina
Puchero con las fabes y bandeja con las carnes y la morcilla

Volviendo a Tellego y a Casa Cristina, como sabíamos que luego había un segundo y un postre, tratamos de medir fuerzas con la fabada. Con el freno de mano echado ‘sólo’ comimos dos platos llenos hasta arriba. En la mesa de al lado había un grupo de cuatro adolescentes a los que sólo les faltó coger el puchero y beberse lo que quedaba de caldo. ¡Qué bestias!

Los segundos están a la altura de la fabada, pero entre el cordero y el pitu (pollo) me quedo con el cordero. Servido con su patatita al horno, su pimiento, su jugo… ¡Qué bueno! ¿El vino? Ni me acuerdo. Entre que luego había que bajar la montañita en coche y que venía acompañado de una botella de gaseosa creo que ni lo probé.

Llegados a los postres nos quedamos con la ‘tarta de la abuela’. Una tartita casera con chocolate, galleta, puede que natillas y un poco de nata. Un colofón.

Riquísima 'tarta de la abuela'. fabada en Casa Cristina
Riquísima ‘tarta de la abuela’

Otra curiosidad a la hora de pagar. Aquí nadie levanta el dedo y hace el gestito de firmar en el aire. Te levantas tú, te vas a la barra y allí apoquinas a la señora Cristina. ¿Cuánto? Quince euros por persona. Para mí, baratísimo.

Al salir del restaurante me dio por echar un ojo a las críticas de TripAdvisor y resulta que les arrean porque “los platos de ahora son escasos. No como antes”, dicen. No me lo puedo creer. ¿Pero quién ha escrito eso? Te podrá gustar más o menos el menú, o la cocina, pero ¿la cantidad? Supongo que son los asturianos los que mejor pueden opinar sobre si una fabada es buena o no, pero al final mucha veces depende de que hayas comido a gusto y aquí, se está muy bien. Vamos, que no me importaría ser el habitante número 45 de Tellego.

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Periodista. Vivo de lo que escribo y luego escribo sobre lo que me da vida: los viajes memorables, la gastronomía, el vino rico y lo que se ponga.

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