Comer en El Calafate: cordero y Perito Moreno

Con todos ustedes: el glaciar Perito Moreno. Comer en El Calafate
Con todos ustedes: el glaciar Perito Moreno

Comer una paletilla de lechazo en uno de los mesones históricos de la Ribera del Duero o de La Rioja no está pagado. Comer en El Calafate -uno de los pueblos más mágicos del mundo- una ración del inigualable cordero patagónico pasa a ser un placer de los dioses. La comida y el entorno, presidido por el célebre Perito Moreno, son absolutamente inolvidables.

Vale que nuestras recomendaciones suelen invitar a coger el coche y hacer unos kilómetros con el principal aliciente de comer bien. Entiendo que uno no vuela hasta el cono sur del planeta con el único propósito de comer cordero -por muy bueno que sea- pero si se da el caso de viajar hasta la Patagonia argentina entonces os recomendamos lo que no podéis dejar de probar.
El Calafate es una pequeña ciudad al sur de Argentina y que todo el mundo conoce, especialmente, por estar a unos 80 kilómetros del glaciar más famoso del mundo: el Perito Moreno. Como os podéis imaginar en Calafate hay nieve. hielo y hace frío. El simple hecho de aterrizar en su aeropuerto ya es una experiencia porque la pista suele estar nevada y aún así los aviones suben y bajan como si no pasara nada.
Al llegar al pueblo uno tiene la sensación de estar en una especie de parque temático de la Navidad. La forma de las casas, la iluminación por la noche y la temperatura le dan al sitio una atmósfera muy Christmas, aunque en realidad estamos en el mes de agosto, que es pleno invierno en el hemisferio sur.

 

Al llegar a El Calafate uno tiene la sensación de estar en una especie de parque temático de la Navidad. La atmósfera es muy Christmas


Las actividades que se suelen hacer además de comer en El Calafate son básicamente tres: visitar el Perito Moreno, contratar un paseo en barco entre icebergs y disfrutar de la vida del pueblo.

El Perito Moreno: el glaciar más famoso del mundo

Apertura del Perito Moreno por la que el agua empieza a circular comer en El Calafate
Apertura del Perito Moreno por la que el agua empieza a circular

El Perito Moreno está a unos 80 kilómetros que se tardan en recorrer en función de cómo de resbaladiza esté la carretera. El glaciar es enorme pero quizás lo que más impresiona es el ruido que genera. Aunque sea imperceptible está en constante movimiento y eso produce desprendimientos de bloques de hielo que crujen como si estuviera tronando y luego se desploman al agua. Es habitual acercarse un poco al glaciar en una pequeña embarcación. Se hace a una distancia prudencial por esos desprendimientos que a lo lejos parecen bolitas de nieve, pero de cerca son más grandes que el barco.
Recuerdo perfectamente que llegué al Perito Moreno un 4 de julio. Oímos un fortísimo estallido y, de repente, todos los argentinos nativos que iban en la embarcación se echaron a llorar de emoción: el Perito Moreno se había roto y eso es algo que sucede muy pocas veces. Es muy difícil llegar a presenciar este fenómeno en directo, y menos aún en pleno invierno argentino.

Visité el Perito Moreno un 4 de julio. Oímos un fuerte crujido y los argentinos empezaron a llorar de emocion: el glaciar se había roto y es algo que muy pocos lograr ver en directo en toda su vida


La noticia empezó a circular a través de las radios y los móviles. En un par de horas la zona ya estaba invadida por televisiones y unidades móviles que durante más de un día -lo que tardó en romper por completo- emitieron en directo cómo el glaciar se iba abriendo hasta que el agua circulaba libremente de un lado a otro.  
No hace falta decir que a este tipo de visita hay que ir abrigado hasta las cejas, pero sobre todo en los pies. Imprescindibles los calcetines térmicos y unas botas que no dejen pasar la humedad porque es horrible la sensación de frío tras varias horas pisando hielo.

Paseo entre icebergs: una experiencia que no se puede llamar excursión

El barco navega entre decenas de icebergs que debe rodear con cuidado comer en El Calafate
El barco navega entre decenas de icebergs que debe rodear con cuidado

La segunda actividad del Calafate es un viaje en barco a través de los icebergs. Se hace de madrugada y aquí sí que la sensación térmica es brutal. Estamos hablando de una embarcación que bordea y esquiva glaciares en aguas congeladas. El barco está totalmente acristalado para que puedas alucinar con el paisaje desde dentro, pero hay algo que es inevitable: hay que salir a hacerse una fotos. ¿Verdad que en Pisa todo el mundo hace la foto chorrra simulando sujetar la torre? Pues aquí también hay una forma característica de hacer el imbécil:  «Mira cariño, nos ponemos como en Titanic y que se vean los iceberg». A lo mejor son sólo un par de minutos en la cubierta, pero regresas petrificado. En el barco se sirve un desayuno calentito y después unos cócteles para entrar en calor. Lo curioso es que el hielo de las bebidas suele ser un pedazo de iceberg que alguien de la tripulación ha sacado del agua con un arpón y lo trocea a martillazos. Muy original.


La Tablita, el mejor lugar para comer en El Calafate

Un cordero te recibe a la entrada del restaurante. comer en El Calafate
Un cordero te recibe a la entrada del restaurante.


Y vamos con lo que nos ocupa: comer en El Calafate. En el pueblo hay varios restaurantes y hoteles en los que poder comer bien, pero el más auténtico de todos es La Tablita. Está a la entrada de la ‘aldea’. Un poco apartado tras cruzar un puentecito. Al entrar por la puerta ya te reciben con un enorme cordero patagónico abierto en canal, clavado en un espeto y puesto a la brasa. El calorcito de la lumbre y las brasas chisporroteando ya te hacen sentir cómodo.
Te quitas el abrigo y te dejas recomendar porque la carta es un poco confusa debido al nombre que los argentinos le dan al corte de la carne. Acostumbrados al solomillo o el entrecot, nos resulta mareante cuando hablan del bife, el chinchulín, la molleja, la falda, el asado… Para no liarnos: nosotros queremos cordero patagónico. Lo hay en plato individual y también en una parrillada mixta junto con otro tipo de carnes.

Los argentinos tienen una enorme cantidad de carnes en función del corte: chinchulín, molleja, falda, bife… No nos liemos. Nosotros hemos venido a comer cordero patagónico

Una parrillada mixta de La Tablita comer en El Calafate
Una parrillada variada de La Tablita


Una gran diferencia entre el cordero patagónico y el que estamos acostumbrados a comer en España (ver el que probamos en Tapas 3.0) es que uno se hace directamente en las brasas y el ‘nuestro’ va -generalmente al horno- en una cazuelita de barro que hace que la carne se bañe constantemente en su propio jugo. La carne del cordero argentino es mucho más rojiza, aunque no significa que esté poco hecha. La piel también es más crujiente y si nos dedicamos solo a comer cordero puede terminar empalagando un poco, por lo que suelen servirlo con un recipiente de caldo o salsa que puedes verter sobre la carne a tu gusto.
El cordero va sobre un recipiente que conserva el calor y los camareros te recomiendan acompañarlo con una ensalada y unas patatas fritas. Ni que decir tiene que aquí hay que beber vino sí o sí. Tanto en Argentina como en Chile están haciendo auténticos vinazos. Una pasada de caldos con muchísima más variedad de uva que en España y a unos precios súper competitivos. No recuerdo la referencia que pedí -tenían casi 200- pero sí que me dejé asesorar con una uva Malbec y la verdad es que maridaba con la carne, con el día, con el sitio y con todo lo que le pusieras por delante.
Y todo esto a muy buen precio. Allí, los argentinos te dicen que es algo más caro que el resto, pero es que el resto están tirados. Estamos hablando de que una carne buenísima para compartir, con ensalada, patatas, agua, vino y un postre ronda los 50 euros: 25 por cabeza en un restaurante que, seguro, no vas a olvidar en la vida.

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Periodista. Vivo de lo que escribo y luego escribo sobre lo que me da vida: los viajes memorables, la gastronomía, el vino rico y lo que se ponga.

Comments 1

  1. Cinco visitas gratuitas para pasar un día en Bombay – Trotaplatos
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    […] nuestro segundo post sobre destinos extranjeros (ver el artículo sobre El Calafate) hablamos de Mumbai, más conocida como Bombay gracias al paraíso que Ana Torroja se montaba en su […]

    19 enero, 2017

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